El cannabis es una planta que tiene múltiples beneficios y que está avalada por más de 21 mil estudios científicos a nivel mundial –incluso la ONU ya reconoció sus propiedades terapéuticas–. Aún así, todavía escuchamos a muchas personas decir que no hay suficiente evidencia científica sobre sus bondades y abundan la desinformación y los prejuicios culturales. Aunque hubo muchos avances en cuanto al debate y la aceptación social, todavía es un tema confuso que tiene impacto en la legislación. Hoy, la ley en nuestro país permite el consumo medicinal para pacientes que tengan epilepsia refractaria o que cuenten con indicación médica. Por eso, a través del Programa REPROCANN, se conecta a pacientes con médicos y cultivadores solidarios. Pero ¿Qué deja afuera la ley? El uso recreativo y la comercialización en todas sus formas.

¿Qué busca la nueva ley?
En cuanto a este último punto, hace poco, el Senado dio media sanción al proyecto de ley que presentó el Ministerio de Producción de la Nación, que busca darle un marco regulatorio a una problemática que ya existe. Se trata de la economía informal de cultivadores que abastece de cannabis a miles de personas. Este proyecto busca avanzar un nuevo casillero: pone la mirada no solamente en la salud, sino que empieza a ver el cannabis como un insumo económico que puede traer un desarrollo para el país. Para muchas provincias podría ser una fuente de trabajo de calidad, que, a pesar de que ya existe en la clandestinidad, todavía no tiene reconocimiento. En cuanto a la salud, va a permitir un mejor acceso de los pacientes al cannabis, control y regulación.

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